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Juguetes que no hacen nada

11/11/2011

Ahora que se acerca de nuevo una época de consumo desmesurado, quizás a la baja por el contexto actual, es el momento de una nueva reflexión sobre los regalos dirigidos a los más pequeños y a la vez más importantes habitantes de una casa. Tenemos una responsabilidad en este asunto.

La presión comercial de grandes corporaciones induce a los pequeños a pedir y querer juegos y juguetes que, lo sabemos de más, acostumbran a ser complejos estéticamente, por ser generosos en el adjetivo, de abundantes materiales plásticos y, lo peor de todo, generan en muchos casos pasividad en el usuario.

Muchas veces cedemos a la insistencia publicitaria o a la del propio niño que, deslumbrado por anuncios que acostumbran a ser promesa de ilusiones que no vendrán, son presionados hasta sucumbir. Pero hemos de hacer todos un esfuerzo en este sentido.

El buen diseño debe tener un peso específico máximo en la creación de juguetes. Claro que los diseños han de ser atractivos y llamativos, pero es fundamental que provoquen el uso de la imaginación, faciliten la invención de emocionantes aventuras y puedan incluso evolucionar y acompañar al niño a lo largo de su uso. Para ello han de ser fundamentalmente sencillos. No colaboremos en el éxito de juguetes de efímera vida, a veces, no mucho más allá del mes de enero.

El niño debe ser el centro absoluto de atención en el desarrollo de la idea de un juguete, no puede imperar, como sucede muy frecuentemente, que los margenes de negocio, la fabricación en países lejanos o la submisión de modas y tendencias interesadas prevalezcan por encima de los beneficios que generen en el desarrollo cognoscitivo y psicomotriz de sus pequelos usuarios.

Madera y cartón son los materiales que consideramos más adecuados para el juguete ideal, por varias razones. El cartón es un humilde material que ya presenta una declaracion de intenciones básica. Un lenguaje simple visual es idóneo para poder resultar atractivo, podemos prescindir de artificios, luces o brillos que no hacen más que una aportación superficial, para proponer estructuras sencillas que dejan todo abierto, todo por hacer y por pensar.

La otra gran virtud es que pueden acompañar con distintos usos al niño. Al poderse decorar, pintar o recortar, la figura inicial se reconvierte en un juguete mutante, que estimula y provoca la interacción del niño con su juego y le invita a sacarle nuevo partido. En realidad, invita a usar la imaginación.

La madera, sobretodo para los más pequeños, es un material cálido, resistente, que perdurará con el tiempo y que se podrá ceder más adelante a hermanos pequeños, primos, amigos o conocidos, dándole nuevas vidas a una sencilla forma que volverá a exigir un esfuerzo mental natural a su propietario, que de eso se trata.

Así de sencillo es, busquemos juguetes sencillos de materiales honestos para que los niños tengan la base sobre la que acabar siendo adultos con una gran y desbordante imaginación para la frecuente búsqueda de soluciones que requerirán en su futura vida diaria.

En definitiva, juguetes que no hacen nada para que nosotros podamos llegar a hacerlo todo, a base de, claro está, nuestra poderosa imaginación.

Felices compras.

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