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Los 100 años de Fredericia

07/11/2011

Hace unas semanas la marca danesa Fredericia celebró su centenario, longevidad notable que da idea de la filosofía que hay detrás de sus productos. Aunque no muy conocida por el público por estas latitudes, Fredericia es una marca de enorme prestigio en gran parte de Europa, Norteamérica y Japón.

Esto se debe a un motivo fundamental, la fabricación de piezas clásicas de la época dorada del diseño danés de Borge Mogensen o Hans J. Wegner junto a piezas de nuevas figuras del mejor diseño escandinavo contemporáneo como Cecille Manz o Thomas Pedersen. Todas ellas tienen como nexo un nivel de calidad de materiales, ergonomía y plasticidad fuera de lo común.

Fredericia es un negocio familiar desde sus inicios, aunque el gran salto cualitativo se da en 1.955, con la entrada del arquitecto Borge Mogensen. Esta fructífera y estrecha relación empresa-diseñador dejaría muchos diseños excepcionales de Mogensen como la Spanish chair, la Hunting chair o el sofá Spoke-back.

La necesaria evolución de una marca llega en este caso a un punto de inflexión con las mecedoras Stingray, un proyecto de final de carrera del danés Thomas Pedersen que le pone en primera línea del buen diseño. La Stingray, con sus formas orgánicas y ligereza a pesar de sus imponentes dimensiones, es una pieza de referencia de la marca y del nuevo diseño danés.

Es quizás uno de los símbolos de cómo los escandinavos se adaptan a nuevas necesidades, formatos y tiplogías de productos sin perder nunca la filosofía que hay detrás de cada proyecto empresarial. Las variables de calidad de materiales, de exquisita producción y de mucho trabajo detrás del lanzamiento de cada pieza logran que perduren en el tiempo las bases más elementales del mejor diseño nórdico: belleza, sencillez y funcionalidad.

Por supuesto, todo esta labor previa que redunda en excelentes diseños que resisten durante décadas repercute en el precio de cada producto. Y aquí se plantea la eterna pregunta muy presente en los tiempos actuales. Qué queremos, mobiliario de usar y tirar, vulgar y anónimo o aquel que perdura y se hace casi eterno a nuestro lado?

Claro está que algunas piezas de Fredericia no están al alcance de todos, pero nadie podrá decir que el precio no está justificado en altas dosis de excepcional calidad y belleza. Mientras escribo esto, tengo frente a mí el balancín JW01 diseñado en 1.948 por Hans J. Wegner. Su precio son 1.179 €. Si pensamos en que existen en hogares de todo el mundo modelos de la primera producción, creemos entonces que es una pieza cara?

Aquí os dejo la reflexión. Feliz centenario, Fredericia.

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